En un lodge amazónico la noche es más densa que el día. Cuando para el generador, el bosque abre su estudio: ranas, insectos, un grito lejano de mono. Estar en el muelle con linterna baja ya es actividad.
En canoas nocturnas el silencio vale más que la foto. Los ojos de caimán brillan; siga el ritmo del guía y evite movimientos bruscos. Mangas largas y repelente bastan: no empape la cabaña de químicos.
Con la niebla matutina el río es un espejo pardo. Acuéstese temprano para verlo; la Amazonía no vive la medianoche de ciudad.
