Galápagos se cuenta como laboratorio de evolución, pero para el visitante es primero disciplina. Las normas del parque son claras: senderos marcados, no tocar animales, no dejar comida. Una iguana o un lobo marino que “posa” está habituado, no domesticado: mantenga distancia.
Los saltos entre islas van en barco o avión; cada traslado cuesta tiempo. Acostarse temprano protege las salidas. Equipo de buceo o snorkel certificado hay en lodges, pero su propia máscara mejora el confort.
Elegir un operador sostenible es elegir también práctica de combustible y residuos. En Galápagos, el lujo se mide en silencio y respeto.
