Contar La Habana solo con autos clásicos pastel encoge la ciudad. Al atardecer en el Malecón, pescadores, parejas y músicos miran el mismo mar. El viento es salado y las conversaciones largas; el ritmo se mide caminando.
Las casas particulares abren más charla que los pasillos de hotel. Pregunte por peñas pequeñas para música en vivo; los grandes shows brillan, la voz de barrio se siente más cierta. Al fotografiar personas, pida permiso.
Importan el plan de efectivo y expectativas flexibles. La Habana se recuerda por carácter más que por servicio perfecto.
