Iguazú habla distinto a cada lado de la frontera. Argentina lo acerca a usted por pasarelas de madera; Brasil aleja la vista como un escenario amplio. Ver ambos es oír una sinfonía con micrófonos cerca y lejos.
Impermeable y zapatos antideslizantes son esenciales; la pulverización cerca de la Garganta del Diablo lo empapa todo. Entrar temprano ayuda con luz y multitudes. No fuerce el ritmo de trenes y senderos.
Los parques son frágiles; respete normas de comida. Una cena tranquila junto al río en Foz o Puerto Iguazú suaviza el rugido del día.
