La seguridad es un set de hábitos, no un relato de terror. Apps oficiales de taxi o autos del hotel superan ofertas al azar a la salida del aeropuerto. Lleve el teléfono a la altura del pecho en multitudes y la bolsa al frente: simple y eficaz.
De noche elija calles bien iluminadas; los atajos por callejones oscuros tientan, pero las rutas conocidas son más sabias. Revise el entorno en cajeros y rechace con cortesía a “ayudantes” pegados a la puerta.
Aumentan tours falsos y estafas con QR; mantenga pagos en plataformas conocidas. La amabilidad local suele ser sincera: precaución no es frialdad. La atención serena es la mejor armadura de viaje.
