En Machu Picchu la mejor foto suele llegar cuando cambia la luz, no en el mirador más lleno. La niebla matutina suaviza terrazas; al romper el sol, la piedra se endurece. Lea normas de trípode; a pulso, equilibre obturación y apertura.
En vez de borrar personas, úselas como escala: un caminante pequeño cuenta el tamaño de las terrazas. Guardia y Puerta del Sol son clásicos; en terrazas medias hay composiciones más tranquilas.
Los drones están prohibidos. Lleve baterías y tarjetas de repuesto; la humedad empaña lentes. La paciencia vale más que los filtros.
