El Día de Muertos no es una fiesta de disfraces de Halloween; es una memoria viva donde las familias reciben a sus seres queridos. En calles de Oaxaca con flores y velas, pida permiso antes de fotografiar altares. Algunos cementerios abren de noche: silencio y distancia son la base.
El pan de muerto y el mole forman parte de la fiesta; pregunte por el contexto de compartir en vez de tratar el plato como contenido exótico. Guías locales saben qué barrios reciben visitas; no fuerce rituales familiares cerrados.
A inicios de noviembre los hoteles se llenan. Mantenga planes flexibles y deje un día solo para caminar, olores y luz. El respeto es el verdadero boleto de esta fiesta.
