El centro histórico de Quito paga su Unesco con fachadas de piedra. En Plaza Grande conviven símbolos de poder y fe; la luz matutina aclara puertas talladas. La altitud se siente: pasos cortos y agua frecuente.
El interior dorado de La Compañía deslumbra; respete el silencio. Vendedores de fruta y puestos de sombreros recuerdan que es vida diaria, no solo museo.
El Panecillo reúne la ciudad en una mirada. Baje al atardecer por calles transitadas y más seguras. Quito se recuerda en el equilibrio de piedra y cielo.
