El Valle Sagrado suele verse como corredor entre Cusco y Machu Picchu, pero es destino propio. El mercado y las terrazas de Pisac se aclaran con luz matutina; la tarde conviene volver al ritmo de pueblo. Apretar cada ruina en un día las vuelve borrosas.
La trama inca viva de Ollantaytambo es barrio, no museo. Las pensiones familiares abren más charla que las cadenas. Mantenga flexibles los trenes; hay demoras.
El valle también sirve para aclimatarse. Deje un día solo para el río y los maizales.
