Salvador late como corazón afroatlántico de Brasil. Las fachadas de Pelourinho son turísticas, pero los tambores callejeros aún respiran vida de barrio. Aprenda límites de espectador antes de entrar a una roda de capoeira; no todo círculo es show.
En la cocina, acarajé y moqueca llegan con aceite de palma y olor a mar: conozca el picante despacio. Visitar terreiros de candomblé solo con invitación y guía, respetando vetos de foto.
Al atardecer, el Elevador Lacerda parte la ciudad en niveles. Salvador piensa en ritmo; los planes apresurados cojean aquí.
