Los cenotes son ventanas al corazón de piedra caliza de Yucatán. Algunos miran al cielo; otros brillan verdes en oscuridad de cueva. En muchos sitios prohíben protector y productos grasos; dúchese antes de entrar para cuidar la biología.
Respete chalecos y quítese anillos: el metal que cae rara vez vuelve. Temprano, los cenotes concurridos están más serenos y cinematográficos. Guías locales saben cuáles sirven para nadar.
Para comunidades mayas estas aguas cargan lazos sagrados. La risa cabe; los gritos y parlantes no. Un cenote es umbral, no fiesta de piscina.
