Las murallas de Cartagena guardan el calor del mediodía y refrescan la piedra al atardecer. Balcones de color y la luz del oeste cerca de Café del Mar invitan a caminar despacio. En Getsemaní, murales y mesas al aire libre suavizan la noche; sube la música, pero el barrio sigue habitado.
Arepa, jugo fresco y mariscos son parte del idioma costero. Quédese en calles conocidas, no ostente valores y deje una noche solo para escuchar. Cartagena se recuerda en brisa y charla más que en selfies apresuradas.


