Empacar para los Andes es gestionar el ritmo, no llenar la maleta. El aire fino frena el cuerpo al llegar a Cusco; zapatos livianos, una chaqueta cortaviento y capas de lana fáciles de quitar marcan la diferencia el primer día. Prefiera merino o tejidos técnicos al algodón: mojado, enfría rápido.
El sol en altura es más duro de lo que parece. Sombrero de ala, SPF 50 y gafas UV vuelven agradables las caminatas. De noche baja la temperatura; una capa térmica fina y guantes ayudan incluso entre el hotel y la cena.
Lleve electrolitos, pastillas para la garganta y medicinas en la mochila diaria. Recargue agua a menudo: la deshidratación dispara el dolor de cabeza. Un trekking sólido y una sandalia urbana cubren más rutas que tres zapatillas.
Deje flexibilidad en el plan. Aplace subidas exigentes las primeras 24–48 horas. Un buen empaque le da tiempo al cuerpo para adaptarse a los Andes.
