Una playa brasileña es tan social como un escenario. Deje un corredor al tender la toalla; no se pegue a los vecinos. Los vendedores son parte de la economía: un “não, obrigado” cortés basta si no quiere; no hacen falta gestos groseros.
En Río, Ipanema y Copacabana están llenas; las playas de barrio llevan ritmo más local. Viaje liviano y no olvide el teléfono bajo la toalla. El sol del mediodía es duro: alquilar sombrilla es común.
En Bahía el mar suele sentirse más cálido y la música más cerca. Respete las olas; lea banderas y avisos de salvavidas. La playa es espacio público compartido.
