Los mercados de Oaxaca no son pasillos de supermercado: sonido, humo y color se apilan. Temprano brillan más el queso, el chocolate y las hierbas. Probar en el puesto es común: pregunte primero con una sonrisa.
El mole tiene muchos colores—negro, rojo, verde—cada uno con otra historia de especias y tostado. Frascos pequeños viajan bien y significan más que imanes. Hable precios de artesanía con respeto; regatear en exceso puede achicar el trabajo ajeno.
Al salir, párese por un jugo o una tlayuda. Oaxaca premia a quien sigue el sabor, no la prisa.
